Me saqué las zapatillas. Me senté en el pasto. Sentí que algo me observaba. Lo descubrí. Era el cíclope afro que había transmigrado. No logró confundirme. Intentó distraer mi atención, pero yo sabía su secreto. Encontré y conté, sin error, cada uno de sus mil y un ojos. Alguna vieja tarde de invierno en el jardín me había contado de sus mil vidas purgadas. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario