Silencio, una de las mayores armas que tienes inconsciente para dejarnos perplejos ante nosotros mismos. Los ruidos pueden aturdir, pero vos silencio dolés. Quizás porque no nos dejás otra que enfrentarnos con nuestra realidad o, tal vez, porque nos acompañas más lejos que la propia almohada.
De hecho, ni siquiera sé si en realmente existís o sos un simple invento. Si no es sonido es silencio. Para mi no hay algo que no suene. Para mi no hay algo que esté completamente callado y no transmita nada.
El factor principal de que no le encontremos la vuelta a nuestra relación silencio es que comienzo a ver las cosas más allá. Una persona no es sólo un simple individuo, sino una persona. Así, el silencio, ¿realmente existe? ¿es sólo una palabra que hemos adhisionado a muchas otras palabras de un diccionario como por decir tableta? ¿Beethoven componía en silencio? Lo dudo.
Hablamos de silencio como hablar de vacío. En cierta forma nos referimos a un ambiente quieto, sin mucho movimiento, sin muchos actores, sin muchos pájaros, sin mucha agua, ni aire, pero más que nada sin relojes que nos indican el paso del segundo.
Silencio querido eres todo y, a la vez, te convertimos en nada. Te otorgamos partes significantes de la melodía de la vida, como dar por asumida una cuestión sino te expresas y, al mismo tiempo, sos discusión por no decir algo, que no es lo mismo que no decir nada, porque si diríamos nada ¿no estaríamos hablando acaso del silencio?
Silencio eres esa dulce tortura china que gota a gota carcome el cerebro y te hace reflexionar el alma. En los mejores momentos nos haces descansar, pero qué castigo cuando una cuestión del día te tiene a maltraer. Ahí, ya te voy pispeando durante la mañana, cuandvuelvo por las calles de la ciudadcita, mirando las paredes altas que chocan con el cielo (¿realmente chocan con el cielo?)Ahí ya empezás a bolearme. Giro la cabeza, te encuentro, pero ¡CALLATE! te digo, y vos seguís hablando como si nada o, de hecho, ¿es la nada?¿es silencio?
Turbulento silencio, el día es demasiado largo para mi jornada y demasiado corto para que vos comas el fruto de esta nuez. Debo confesarte que, a pesar de todo silencio, encontré en vos un amigo inseparable; encontré paz, equilibrio. Mucho no sé de vos, pero vos lo sabés todo de mí y sos una tumba. Quizás como no te conozco tanto seas mudo - digo mudo con "o" y no con "a" porque me acostumbré y me gusta como suena el atícula "el" para precederte.
Silencio en estos momentos me abandonas, o en realidad, te puse en tono de espera. Antes de dejarnos te pido en silencio que me aguardes ahí. Siempre hay un lugar para el reencuentro.